Grito Desgarrador del Oriente de Morelos

Grito Desgarrador del Oriente de Morelos

¡Comparte!

EDICIÓN 1178-V • PRIMERA SEMANA DE NOVIEMBRE 2026 •

Hay momentos en la historia de una comunidad en los que el silencio deja de ser prudencia para convertirse en complicidad. Morelos, herencia independencista y altiva, de historia revolucionaria y de tradiciones vibrantes, atraviesa una de las horas más oscuras y dolorosas de su memoria reciente. Lo que hoy se vive en Cuautla y en los municipios de la Región Oriente no es una simple estadística criminal; es una tragedia humana que asfixia el alma de quienes todos los días madrugan para ganarse el sustento con honradez.
¿Cómo explicarle a una madre, a un comerciante, a un estudiante o a un transportista que el futuro es prometedor cuando el pan de cada día se gana con el miedo latiendo en la garganta?
El peso insostenible de la asfixia económica y el terror
Octubre de 2026, la región es una tormenta perfecta. Lonas del llamado «Plan Cuautla» en las esquinas son testigos mudos e irónicos de una realidad que desbordó cualquier discurso oficial. Familias de Cuautla, de Ayala, Yautepec y Yecapixtla intentan mantener abiertas las cortinas de sus negocios, la sombra de la extorsión -el infame «derecho de piso»- actúa como un torniquete invisible que seca la economía local.
Y Esto es consecuencia de que nunca pusimos un alto a los actos deshonestos en el interior de los hogares, allí donde crecieron los niños viendo malos ejemplos y oyendo cosas infames de pleitos e insultos toda hora, con madres bañadas en sangre literalmente, por culpa de un padre irresponsable que por su propia condición solo supo dar miserias, hambre y violencia. Una madre muchas veces sumisa y otras vengativa que se refociló y revolcó con quien le brindó una palabra de aliento, una caricia o un dinero, para no seguir con hambre ella y sus hijos que todo lo vieron aunque no todo lo comprendieron.
No son solo números fríos o pérdidas materiales. Son miles de negocios cerrados, de familias que han tenido que huir abandonando el patrimonio de toda su vida, y de transportistas arriesgando la vida ante actos de puro narcoterror -con unidades incendiadas y vidas arrebatadas a mansalva- es hablar del colapso de nuestra comunidad. El dolor se multiplica en la barbarie, como ocurrió recientemente frente al Tecnológico de Cuautla o en los sangrientos hechos de San Pedro Apatlaco.
Lo más indignante no es solo el embate de la delincuencia, sino el eco sordo de la indiferencia institucional. Es profundamente doloroso ver y sentir la nula aparición y el vacío de un cabildo municipal y de autoridades estatales que parecen gobernar desde otra realidad, ajenos al fuego que consume las calles donde camina el pueblo. Las patrullas a alta velocidad que cruzan sin detenerse no brindan paz; solo generan la sensación de un simulacro frente a una tragedia de dimensiones mayúsculas.
Sin embargo, en medio de este escenario desolador, también brilla la parte más noble de nuestra gente: la solidaridad comunitaria y la valentía inquebrantable de los comerciantes y colectivos civiles que se niegan arrodillarse. El surgimiento de redes de apoyo, la exigencia firme de patrullajes a pie o en motocicletas, de espacios de denuncia verdaderamente blindados y confidenciales, y la solidaridad de programas de emergencia no son suficientes si no van acompañados de una voluntad política radical, honesta y frontal.
Morelos no puede ni debe acostumbrarse a vivir bajo la ley del terror. La paz no es la simple ausencia de guerra, sino la recuperación de la dignidad y la tranquilidad en cada plaza, en cada mercado, en cada combi y en cada aula escolar.
Hoy más que nunca, la sociedad morelense necesita cerrar filas. Exigir a las autoridades que dejen atrás los escritorios y pongan el corazón en el territorio no es un favor, es un derecho elemental.

Y claro, que si ellos no pueden, que lo digan y renuncien. Pero, sobre todo, necesitamos mirarnos a los ojos y recordar que la fuerza de Cuautla y de la Región Oriente radica en su gente.
Claro que todos, provenimos de un hogar, los buenos y los malosos ciudadanos venimos de una familia que, a lo mejor no supo crear hijos con valores morales y éticos, por carecer de ellos, culpa de que no saben leer y de que los que saben, no les interesó cultivarse y tener alturas de miras y lograr ver que en el futuro, con actos de corrupción, de valemadrismo, de borracheras sin fin, de aventuras y fantasías sexuales a todo vapor, de todos contra todos, mujeres con hombres ajenos, mujeres con mujeres, hombres con hombres, ese futuro estaba perdido desde un principio en que los actos cada vez fueron más y más pueriles. Que nunca existió futuro en ese consumir drogas, alcohol o cualquier tipo de sustancias tóxicas, que simplemente arrebataron la conciencia y arrebató la dignidad que como seres humanos debemos tener y sacar a relucir a diario.
Pero por todo ello, no permitamos que el miedo nos robe la esperanza. Que este dolor profundo se convierta en la chispa de una exigencia colectiva inquebrantable: Morelos merece vivir en paz, trabajar sin miedo y volver a caminar con la frente en alto.