EDICIÓN 1174 • PRIMERA SEMANA DE OCTUBRE 2026 •
Cuautla, Mor.-Se levantó un fiambre que fue años atrás el Partido del Trabajo Nacional y en Morelos, gracias a la ayuda del partido Movimiento Ciudadano de entonces y, ahora se va contra la primera gobernadora de Morelos, porque la mandataria no se pliega a las directrices de la siempre diputada pero nunca votada, Tania Valentina Rodríguez Ruiz, legisladora nunca por voto ciudadano, pero de «Grilla feroz», que lucha si contra gobernadores, pero siempre por sus emolumentos y dádivas, y como lo dijo en reciente rueda de prensa, «si a eso me dedico y a lo mejor soy incómoda».
Ahora mientras la cúpula del Partido del Trabajo (PT) -encabezada por la diputada plurinominal permanente Tania Valentina Rodríguez Ruiz y su esposo, el exalcalde de Ocuituco, Hugo Bobadilla Gutiérrez, quien fue baleado hace casi dos años en un puesto de tacos del crucero de «Yecapixtla» en Atlatlahucan, – junto a voceros de Movimiento Ciudadano intensifican movilizaciones y señalan una presunta «falta de resultados», aunque las cifras oficiales del Ejecutivo estatal y los balances en territorio exponen una narrativa distinta; un intento de desestabilización política frente a un gobierno que cerró las puertas a las cuotas de poder tradicionales.
La narrativa de la oposición y el negocio del conflicto
Las recientes protestas y bloqueos viales registrados en la capital y municipios del oriente de Morelos no responden a una generación espontánea de inconformidad social, sino a una estrategia coordinada de presión de grupos que perdieron la interlocución privilegiada y el manejo discrecional de recursos públicos.
Por un lado, la dirigencia petista local -cuyo control se ha ejercido durante décadas mediante listas plurinominales y sin la legitimidad del voto directo en las urnas para sus liderazgos principales- ha movilizado a sus bases en un intento por forzar mesas de negociación con la Secretaría de Gobierno. A esta postura se han sumado voces de Movimiento Ciudadano, construyendo un discurso de «parálisis gubernamental» que contrasta de manera directa con las acciones desplegadas en los 36 municipios de la entidad.
Avances en seguridad: Coordinación estratégica y visión territorial
Frente a la descalificación opositora, la administración que encabeza Margarita González Saravia ha priorizado la contención de la violencia a través del plan integral «Morelos por la Seguridad». A diferencia de administraciones pasadas, la estrategia actual se fundamenta en la alineación directa con la Estrategia Nacional de Seguridad, el fortalecimiento de la inteligencia operativa y la presencia territorial de las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional en los focos rojos del estado.
Entre las acciones operativas destacan el Mando coordinado y dignificación policial. Incremento en la certificación de elementos locales, equipamiento táctico y atención a municipios críticos de la zona oriente y altos de Morelos.
Prevención comunitaria y reconstrucción social: Cuadrantes de paz focalizados en recuperar el tejido social e intervenir zonas de alto riesgo delictivo de la mano con la población.
Combate a delitos de alto impacto: Operativos conjuntos que han permitido neutralizar a células dedicadas al despojo, la extorsión y la violencia de género, rubros prioritarios en la agenda de paz estatal.
Inversión social y desarrollo económico frente al discurso político
En materia de bienestar e impulso económico, la entrega directa de apoyos institucionales ha desmantelado intermediaciones partidistas. Programas como «Emprendiendo con Bienestar 2026» han destinado recursos a proyectos productivos de emprendedores, pequeños comerciantes y productores agrícolas en todos los municipios, asegurando que el presupuesto estatal llegue a las familias sin condicionamiento ni filiación política alguna.
Asimismo, la mesa de trabajo permanente con sectores empresariales, industriales y del campo ha permitido sostener proyectos de infraestructura y turismo que impulsan la reactivación económica del estado.
El fondo de la disputa: El fin de las prebendas
El contraste entre los reclamos en las calles y carreteras dados y la agenda de trabajo institucional dejan evidencia del fondo del conflicto en Morelos: la resistencia de grupos políticos tradicionales ante un gobierno que se niega a someter las políticas de seguridad y desarrollo social a los intereses particulares de franquicias electorales. La ciudadanía, por su parte, demanda resultados concretos e instituciones sólidas, lejos de las coyunturas partidistas y los bloqueos que frenan el desarrollo de la entidad.


