EDICIÓN 1177-V • CUARTA SEMANA DE OCTUBRE 2026 •
Cuautla, Mor.-El sector salud en Morelos se encuentra hoy en el ojo del huracán bajo la gestión del doctor Mario Ocampo Ocampo, enfrentando paros laborales, movilizaciones de una base trabajadora hastiada y un desplome alarmante en el abasto de medicamentos. Mientras las autoridades parecen empeñadas en presionar al personal operativo mediante auditorías selectivas, la cruda realidad en los nosocomios muestra una asfixia brutal, y es que pasar de cerca de 140 claves de fármacos en 2025 a solo 78 existencias este 2026. A esto se suma el repudiado «robo hormiga» de medicinas que terminan en las farmacias particulares de enfrente, mientras los pacientes deben sufragar de su bolsillo insumos y tratamientos que ya la Constitución Política, consagra como gratuitos. Pero este colapso actual no es un accidente repentino; es apenas el eslabón más reciente de una larga cadena de saqueos y complicidades que hunden sus raíces en sexenios pasados.
Para entender la tragedia que hoy se vive en las clínicas y hospitales del estado, es necesario repasar la ruta del desfalco institucional construida sexenio tras sexenio.
El legado de la impunidad panista Marco Antonio Adame Castillo. Fue durante la administración del blanquiazul donde los cimientos con Sergio Estrada Cajigal Ramírez, que la opacidad financiera en los Servicios de Salud de Morelos (SSM) se consolidaron a placer. Luego vinieron Graco Ramírez Garrido Abreu y el nefasto Cuauhtémoc Blanco Bravo.
Aquella época dejó pendientes penales tan sonados como el desvío de más de 700 millones de pesos de fondos federales destinados a medicinas y equipo para familias vulnerables -un caso que a la postre alcanzó la judicialización con la captura de su exdirector de Administración, Mario Alberto Oliva Ruiz, por el delito de peculado.
La sombra de Graco Ramírez Garrido Abreu…
Heredero de las inercias de corrupción y con su propia red de operadores políticos incrustados en las áreas administrativas del estado, el perredismo dejó un sistema de salud simulado, marcado por el desabasto crónico y programas clientelares tan sonados como el extinto «Seguro Popular», un esquema donde los recursos millonarios -como aquellos más de 30 millones de pesos etiquetados para análisis clínicos- se evaporaron en la opacidad, demostrando que «ni era seguro ni era popular». Pero nadie logró esclarecer algo, y los que pudieron hacerlo callaron como momias, aunque fueron testigos presenciales de que Morelos era saqueado miserablemente y en total indefensión. Pero eso si hoy esos mismos están y pretenden seguir pegados a la ubre presupuestal, con otros carguitos
El colapso de Cuauhtémoc Blanco Bravo y el clan de Ulises Bravo Molina…
La puntilla final para la salud pública morelense llegó con el paso del exfutbolista fenómeno por la gubernatura de estiércol y el control de los «moches» de su hermanastro Ulises Bravo Molina en el escenario político estatal. Bajo este mandato, el saqueo alcanzó dimensiones escandalosas con tramas como la red de empresas fantasma y familiares operada por Héctor Barón Olivares (exdirector de SSM y primo del consejero beneficiado Joan Christian Carmona Barón), con contratos directos superiores a los 323 millones de pesos para insumos que jamás llegaron. A ello se sumó el fraude multimillonario del Hospital General IMSS-Bienestar de Jiutepec -con desvíos detectados por la ASF, que rondan los 700 millones de pesos por equipo médico fantasma y obras abandonadas- y la farsa del hospital móvil COVID-19.
Hoy, la exigencia de la ciudadanía y de los trabajadores del sector salud ya no admite paños tibios. El cuestionado proceder de Mario Ocampo Ocampo pone sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿estamos ante un intento genuino de rescatar la sanidad pública en Morelos o simplemente ante un eslabón más de la misma cadena de simulación que sexenio tras sexenio ha convertido el derecho a la salud en un lucrativo negocio de familia?.
Y la primera gobernadora de la entidad, sabe y conoce de todo esto aquí dicho y mucho más pero, es bien cierto que hacer investigaciones y juicios, podría ser una pérdida de tiempo, es verdad que el Estado de Morelos reclama por su naturaleza atender los asuntos que van saliendo cada día, sin embargo es una deuda y fue su lema de campaña que no habría continuidad y que se castigaría todo acto de corrupción antes y en su gobierno, pero su pueblo aun espera resultados y puede ser que este ya esté cansado.

