Edición 1110 Segunda Semana de Abril 2025
Cumplir con el propósito de Dios para nuestra vida comienza con un corazón limpio que ama al Señor y quiere obedecerlo. Sin embargo, todos nacemos con una naturaleza pecaminosa. Pero la salvación nos transforma. La muerte de Cristo en la cruz pagó la pena por nuestras transgresiones y destruyó el poder del pecado sobre nosotros. Al recibir a Cristo como Salvador, nos convertimos en nuevas criaturas con corazones sensibles a la dirección del Espíritu Santo y con mentes que desean conocer mejor al Padre. También recibimos el poder del Espíritu Santo para rechazar el pecado y obedecer a Dios. Pero ¿cómo podemos mantener limpio nuestro corazón? La mejor manera es meditando en las Sagradas Escrituras. Hacerlo nos ayuda a descubrir las áreas donde hemos sido fieles, y también los puntos donde nos hemos desviado de su camino. Expresar arrepentimiento genuino nos limpia. Cuando nos esforzamos por seguir su voluntad, discernimos su plan y nos sometemos a Él. Cooperar con la obra transformadora del Espíritu Santo nos ayudará a mantener nuestro corazón limpio y abierto a Dios.