Edición 1167 • Primera Semana de Agosto 2026 •
¡¡Ya basta!!, es el imperativo grito de parte de la ciudadanía que hoy más que nunca ve como la entidad, su ciudad, su negocio y su vida misma se van marchitando al paso del tiempo, pese a que la presidenta de la república ya vino varias veces y pese a que volverá dijo en tres meses, para ver como marcha todo con el programa del «Plan Cuautla», el que algunos piden se amplie a todo Morelos, precisamente por esa cauda de delitos y hechos de sangre que atormentan a diario a la ciudadanía en todo el Estado.
Los enfermos no se hacen de un día para otro y menos los de gravedad. En Morelos hoy bien se puede hablar de una entidad gravemente enferma y con vistos improbables de recuperación pronta.
Esta grave enfermedad en nuestra sociedad se puede probar y comprobar en cada acto de violencia, en cada hecho de corrupción, en cada acto delictivo y en la gran cantidad de bebedores de alcohol y el tremendamente creciente consumo de drogas y estupefacientes, dentro de los diferentes sectores sociales. Creció la promiscuidad, la prostitución abierta y encubierta, prostitución tanto de hombres como de mujeres, de jóvenes como de viejos, el incremento de la violencia familiar o intrafamiliar y las violaciones sexuales, dentro de las casas y afuera en las calles.
Es una suerte de enfermedad que se presenta principalmente dentro de la cultura del ocio y la borrachera, agravada por la drogadicción que en Morelos se incrementó en los últimos años entre gente joven y mayor, incluso menores de 10 y 12 años. Y aunque muchos vieron estos avances de la enfermedad, la ignoraron porque no era en mi casa ni en mi caso, otros que obligación tenían de detenerle y enfrentarla hicieron caso omiso, las autoridades que debieron estar atentos ante esa bola de nieve que hoy de simple mal se convirtió en tumores cancerosos, estuvieron más preocupados y ocupados de ver la próxima elección, en lugar de la próxima generación, la cual hoy se debate, entre la vida y la muerte, se desangra a diario y se estresa hasta lo indecible por la incertidumbre de su trabajo, de su manutención y comida pero además sin guías ni posibles oportunidades.
Esta enfermedad se puso peor en lo casi terminal, debido a la nula acción de senadores, de diputados, de presidentes, de gobernadores de gente del gabinete indolentes y egoistas y de toda esa gama de presupuestivivoros seres, que solo se preocuparon como decían antes, «que coman mis dientes aunque no coman ni mis parientes».
Finalmente se debe de aclarar que los grandes males requieren grandes remedios, pero quien será el valiente que se pondrá la camiseta del pueblo, el grupo enorme de elementos policiacos distribuidos en varias partes de Cuautla y del Estado no son la varita mágica como lo quieren hacer creer algunos, esta grave enfermedad, se produjo desde dentro de los hogares de Morelos y dentro de esos hogares y lugares se debe encontrar la medicina. Dentro de las familias se debe dar la purga, el remedio que aunque sea doloroso y punzante, debe de darse allí y debe de dar resultado, las policías ayudan, de echo lo han sido de gran ayuda, sin embargo desde los hogares se enfermó al estado y desde los hogares debe darse la solución y la curación o no habrá futuro para nadie y así podrán venir ejércitos y más agencias de investigación, el mal lo creamos nosotros y nosotros tenemos la cura, empecemos por allí, por los más cercanos y dejemos de lamentarnos.
Como dijera alguna vez Cuauhtémoc, el último emperador azteca, cuando vio llorar al derrotado Moctezuma Xocoyotzin, «no llores como mujer lo que no has podido defender como hombre».


