Bueno pues estamos en el último mes de este azaroso año de 2020 que definitivamente fue para olvidar, pues si lo vemos bien, se puede decir que fue un año perdido, donde el dolor llegó a muchas familias y donde a pesar de los esfuerzos de todos por salir adelante, apenas si se pudo recuperar un poco de lo perdido, pues fueron más de un millón de empleos perdidos, más de 110 mil muertos por el COVID-19 en el país y más de un millón de contagiados.
Durante nuestra existencia hemos tenido años duros, muy duros y difíciles, pero en este, donde nos enfrentamos a un enemigo mortal y desconocido, que ahondó una crisis económica que ya venía en picada en todas las economías del mundo, no sólo en la de México, pues hacía muchos años que no lo sentíamos y vivíamos con la impotencia de no poder luchar, pues al ser el enemigo un desconocido, nunca supimos como atacarlo efectivamente. Hubo remedios caseros, hubo sugerencias que si las gárgaras de agua caliente con sal, que si el zinc, que si el cubrebocas y la sana distancia, que el “quédate en casa”, pero a diario oíamos que por aquí y por allá conocidos, amigos y familiares no pudieron librarla y murieron.
Luego se dio la batalla de los alimentos chatarra, de los refrescos y los escasos nutrientes efectivos en los alimentos que nos daban por “muy buenos” con la anuencia y paciencia de todas las autoridades pasadas, leche que no era realmente leche, queso que no era completamente de leche y luego para si faltaba algo, nuestro pueblo atiborrado de esas enfermedades crónico-degenerativas como la diabetes, la obesidad y la hipertensión, sedentarismo, bebedor de refrescos y cerveza por hectólitros al día.
En fin que se termina este 2020, pero no se termina con él nuestros preocupantes asuntos, ni se va con él la pandemia ni las intestinas luchas políticas… ¿o sí?.