CDMX.- Existe un debate por los pros y contras del uso de celulares en las aulas, sin embargo, el uso planificado en un contexto pedagógico, la integración de celulares al aula debe prepararse, tener un sentido explícito y ser evaluada,
este análisis debe ser parte de las decisiones que tome autónomamente cada Colegio y que se exprese en la
definición de pautas de convivencia.

Colegium lleva dos décadas incorporando recursos digitales a los diversos procesos escolares donde la
tecnología puede aportar a la mejora de los resultados de aprendizaje. Son testigos de la transformación
digital de numerosos colegios que han adoptado soluciones digitales para innovar en comunicaciones escolares,
registro de información académica o diagnósticos tempranos de aprendizaje, entre otros. Cada una de estas
innovaciones conlleva modificaciones que producen tensiones y desafíos en los equipos docentes y
administrativos, como también en las familias de la comunidad escolar. La adecuada planificación y apoyo es
fundamental para el éxito de estas transformaciones.

La aparición de celulares en las escuelas y en las aulas no ha seguido ninguno de las condiciones anteriores. No
aparecen como respuesta a algún desafío en particular ni responden a una planificación intencionada. Llegan
en las mochilas de niños, jóvenes y también en las de los educadores e irrumpen en el aula, en los patios y en la
sala de profesores. No son un recurso educativo, son un artefacto que acompaña la vida cotidiana de las
personas y la escuela, es parte de la vida cotidiana.
Se trata de dispositivos poderosos, con capacidades de procesamiento y acceso a información ilimitadas y con
prestaciones múltiples que evolucionan rápidamente. Pero los teléfonos inteligentes en rigor carecen por si
mismo de inteligencia. Como toda herramienta, su valor está definido por lo que hacemos con esta.
¿Qué usos inteligentes podemos darle en educación a los celulares y qué usos “no inteligentes” no debiéramos
darles ni permitirles? Los usos inteligentes tienen que ver con nuevas formas de aprender y educar, que
consideran habilidades del siglo XXI (pensamiento crítico, colaboración, creatividad, comunicación entre otras).
Los usos no inteligentes tienen que ver con conductas inadecuadas que se ven potenciadas a través de
dispositivos digitales (adicción, baja o mala socialización, bullying, acoso, copia, transgresiones a la privacidad y
la propiedad intelectual, etc.). Estas conductas ponen en riesgo el desarrollo personal, la calidad de los
aprendizajes, la convivencia escolar y deben ser enfrentadas. Si es necesario se debe controlar el acceso a los
dispositivos, para evitar la normalización de los usos inadecuados. Pero a mediano plazo se debe enfrentar el
fondo y no solo el síntoma.

 

La tensión que presenta la tenencia y uso de celulares en las aulas, puede ser una oportunidad para generar un
necesario y urgente debate. El análisis de pros y contras, debe ser parte de las decisiones que tome
autónomamente cada Colegio y que se exprese en la definición de pautas de convivencia. La normativa debe
tener un sentido y ser parte de los valores del proyecto institucional y ser comunicada (como toda normativa) a
las familias y alumnos. En este sentido conocemos algunos buenos ejemplos que pueden replicarse: es diferente
regular la tenencia a regular el uso, se pueden establecer horarios de comunicación entre familia y estudiantes
para favorecer concentración en el trabajo escolar, se puede apoyar a las familias entregando orientaciones
respecto al uso de controles parentales.
Se puede transformar esta preocupación, en una oportunidad para aprender colaborativamente y
llegar a acuerdos en cada comunidad escolar.