Aún no entra el nuevo gobierno, pues lo hará hasta el primero de diciembre de este año y el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, al tiempo que les maneja la agenda a los aún autoridades, mueve y remueve las anquilosadas estructuras de un sistema viejo, decrépito y con poca capacidad de respuesta y hoy se vió con los banqueros.

Primero fue lo del aeropuerto nuevo de la Ciudad de México en Texcoco, las viejas estructuras enquistadas en el sistema se removieron y crujieron y hasta vociferaron que era la ruina del país, luego se vino lo del SAT, este sistema tributario se amparó cuando se le pidió que fuera más explícito y diera a conocer a quien o a quienes les habría condonado casi 200 mil millones de pesos en impuestos el pasado año, sin embargo luego como para “lavarse la cara” adujo este simpático SAT, que habría descubierto un grupo como de 130 accionistas y empresarios prominentes en varios renglones de la vida económica del país, incluso el futbol y TV, que utilizaban un sistema de simulación, donde recibían beneficios expidiendo facturas de casi 600 mil empresas “fantasmas”, con el fin de no pagar impuestos, incluso dijo Samuel Arturo Magaña de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público Federal, que el boquete por ese hecho rondaba los 100 mil millones de pesos y que hubo un empresario que concilió y pagó daño por 160 millones de pesos, y hay otros renuentes a pesar de señalarlos.

Esto demuestra que en México la corrupción está super enraizada y solapada por todas partes y en todos los ámbitos, quiere decir que para que ese accionista pagara 160 millones de daño, obtuvo beneficios por mil millones de pesos por lo menos y además para poder hacer toda esa maniobra de crear empresas fantasmas arriba y al lado de una empresa seria y formal se requirió tiempo y dinero y que nadie lo viera, ni el SAT.

Edición 855 Segunda Semana de Noviembre 2018.