Cuautla, Mor.- Se acabó el año 2019 y Morelos sigue metido en una vorágine de sangre, delincuencia y violencia incluso femenina, de lo mayor en su historia. Sus poderes políticos debilitados por su riñas, entre el Gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo y el “lobito” Antonio Villalobos Adán.
Analistas políticos opinan: “que si la voluntad del Cuauh es hablar con el alcalde de Cuernavaca, Villalobos; dialogue ya señor presidente; si el grupo de los 13 en el Congreso desea que el de los siete se siente a platicar, que se haga; París bien vale una misa, y es la hora de ver por la entidad no por los gobernantes, eso es pobreza. Sigo pensando que no todo se debe dar por perdido, que, en el fondo existe deseo de servir, de ser generoso con el colectivo”. Diría Ignacio Cortés en “Por la libre”.
También la opinión pública ya cansada de tanto y tan singular vaivén, de dimes y diretes entre los electos para servir al pueblo, que no se ocupan de ello y ya están pensando en el 2021, olvidan que la gente suele castigar. Pero en todo el estado y en cada uno de los puestos de elección se empiezan a dar ya las campañas de los suspirantes, incluso de gente que ahora está en un puesto público y no se ha destacado por su trabajo pero, pretende quedar bien “parado” para la elección futura, vaya cinismo.
Por ejemplo en Jiutepec está ya la efervescencia política, para el 2021; incluso personajes que en el pasado hundieron al municipio, y cínicos; buscan el retorno, dispuestos al “sacrificio”, quizá porque quedaron cosas pendientes, quizá ya la cuenta bancaria se achicó y habrá que reponerse; la palabra la tiene la ciudadanía.
Así las cosas, incluso hay quienes aseguran que ya tienen la “bendición” del gobernador de Morelos, y la pregunta es ¿hay gobernador?; y ¿esa bendición no será peor que una maldición?, como lo fue en su tiempo la “bendición” de Graco Ramírez el más grande “goberladrón”, que hizo perder a casi todos los que creyeron en él, hasta el último momento, y hay nombres y apellidos.
En fin que ya llegamos al fin del año y aunque empezó con mucha esperanza se terminó al menos en Morelos, con el peor de los desánimos, pues fue calificado como el de menos desarrollo económico, de los de más violencia, sangre y muerte en la nación y claro, donde se creyó en un futbolista famoso que mucho prometió “no les voy a fallar”, “vengo de abajo”, “soy como ustedes” y otras promesas que fue incapaz de cumplir porque siguió pensando que gobernar se hacía igual que el balompié… con los pies.
Nunca el gobernador se pudo dedicar en cuerpo y alma a su encomienda, a su encargo y por lo tanto simplemente le dio a Morelos puras miserias de su tiempo y persona.